Y hoy en día podemos salir a comer sin culpas.
Sin culpa a la hora de gastar, no respecto a romper la dieta.
Porque, sí, las dietas se sabotean y nos sentimos menos culpables haciendo eso que gastando en un restaurante o comprando en negocios.
Hay descuentos de lo que se te ocurra, te llegan al mail, te los proponen en la caja o un amable mesero que parece un ángel caído del cielo (de nuevo, por su increíble consideración) te dice: "¿sabe que con Club La Nación tiene descuento en su factura?" y vos, sin darte cuenta, terminás culpando a Cupido de tu amor repentino al mesero.
Gracias por alegranos el día, rectángulo de plástico!

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